Vitrales Goticos

Vitrales Goticos





¿Has notado cómo se ve la luz cuando se filtra a través de vidrios de colores? ¿Cómo cobra vida un cristal cuando la luz brilla sobre él?¿Ha atrapado tu mirada la luminosidad que irradia un caleidoscopio visto a contraluz, o una simple botella de vidrio de color iluminada por la luz del sol? ¿Recuerdas qué sientes cuando entras en un espacio bañado por luz que penetra a través de vidrios de colores? Uno de los espectáculos más atractivos para el sentido de la vista, sucede cuando la luz brillante atraviesa la transparencia coloreada de un cristal. Y es común que este fenómeno no se limite a impactar nuestros ojos, sino que también nos produzca sensaciones, generalmente agradables.

En la antigüedad el ser humano aprendió a hacer vidrio, a partir de arena transformada por el fuego, y después pudo colorearlo añadiéndole sales metálicas y óxidos . Durante la Edad Media lo integró a la arquitectura, con el fin de crear ambientes sobrenaturales en el interior de las iglesias. Desde entonces, los arquitectos aprendieron a manipular con luz y color el espacio interior de los edificios dedicados al culto religioso. Los vitrales o vidrieras, es decir las composiciones hechas con vidrio de colores que decoran grandes ventanales, tuvieron su auge entre los siglos XIII y XV en Europa, cuando maduró el estilo artístico gótico.

La máxima creación del estilo gótico son las catedrales que comenzaron a construirse a lo largo de Europa. Estas catedrales se caracterizaron por su enorme altura, ligereza y luminosidad. Uno de los grandes logros de la arquitectura gótica fue que consiguió reducir el grosor de los muros de los edificios religiosos, facilitando la apertura de grandes ventanales en varias alturas. Así las paredes se sustituyeron por vitrales (también llamados vidrieras) que ilustraban escenas bíblicas para cumplir dos propósitos: promover el aprendizaje religioso a través de imágenes; y creaban un ambiente que envolvía al feligrés, estimulando en él un sentimiento místico ante la “luz divina” manifestada en la luminosidad.


Una de las primeras iglesias donde se colocaron vitrales fue la de Saint-Denis, muy cerca de París. El abad Suger promovió que las ventanas de esta iglesia se cubrieran de vitrales porque decía que la belleza de la luz que los traspasaba podía conseguir que las almas de los hombres se acercaran a la divinidad. Durante la primera mitad del siglo XIII el carácter didáctico de la vidriera medieval mantuvo el esquema de figuras de gran tamaño, en los ventanales altos del edificio y medallones reducidos, con representaciones figurativas en las vidrieras más bajas, donde las historias se leían de abajo hacia arriba y de derecha a izquierda. A partir de la segunda mitad de ese siglo se produjo un aumento en las tonalidades y en la luminosidad de los colores usados en los vidrios, de manera que éstos tendieron a ser más finos y de mayor tamaño. También comenzaron a elaborarse grandes rosetones.


Las ventanales góticos ofrecieron a los vidrieros un campo para desarrollar su inventiva y experimentar con las formas, algunas de carácter abstracto. Los vidrieros se convirtieron en artistas que aspiraban a crear auténticas pinturas translúcidas y hubo algunos que firmaron sus obras. En este sentido algunos vidrieros, especialmente en la Italia del siglo XIV, introdujeron cierta perspectiva a sus paisajes y buscaron el realismo y la tridimensionalidad en la representación de las figuras. En toda Europa hubo talleres de maestros vidrieros que pertenecieron al gremio de los pintores y desarrollaron escuelas regionales de arte vitral. La fuente principal para el estudio de los vitrales góticos es el Tratado del monje Teófilo (siglo XII) donde se detalla la técnica de la pintura sobre vidrio y describe todas las fases de la producción, los colores, materiales y los elementos necesarios para fabricar un vitral.


Según el Tratado de Teófilo, la fórmula básica de las vidrieras multicolores exigía arena, sal y cenizas. El cristal coloreado se obtenía derritiendo esta mezcla al calor y dándole color con óxidos de metal: cobre para obtener verdes y rojos quemados; hierro y plata para el amarillo; cobalto para el azul, etcétera. Un dibujo completo del vitral hecho en cartón se usaba como patrón para cortar los vidrios de colores según las formas que requiriera el diseño. Después de ser cortado las piezas se juntaban temporalmente con cera de abejas. Luego se unían las piezas de vidrio con varillas de plomo, se formaban los paneles y éstos se montaban en el ventanal de hierro.


A partir del siglo XIV cobrarán cada vez mayor importancia los vitrales financiados por civiles, como la nueva burguesía, los ricos comerciantes, los gremios, etcétera. Estos donantes, junto a la monarquía y el clero, perseguían la gloria divina mediante el encargo de vitrales para iglesias y catedrales. Incluso algunos de ellos aparecerán representados físicamente en las vidrieras, entablando una comunicación cada vez más directa con los personajes bíblicos, o simplemente eran incluidos simbólicamente, mediante escudos de familia.


Durante todo el siglo XIII la influencia francesa, especialmente de la escuela de Chartres, se dejó sentir en Europa. La catedral de Chartres posee algunos de los trabajos más originales. Los nobles y prelados costearon varias de las 176 vidrieras y la casa real hizo donación de un rosetón de 10 metros de diámetro, conocida como la “Rosa de Francia”. Pero muchos vitrales fueron donados por los mercaderes y artesanos de Chartres: los peleteros (la vidriera de Carlomagno), los zapateros (la del Buen Samaritano), los panaderos e incluso los que acarreaban el agua. Los símbolos de estos gremios quedaron plasmados en ellas. En Chartes, sus ventanales y esculturas ofrecen casi 10 mil figuras que representaban la historia de Dios y el ser humano desde la Creación del Universo hasta el fin de los tiempos. En estas imágenes se representa desde lo más sagrado hasta la vida cotidiana donde vemos gente trabajando.

El arte de la fabricación de vidrieras decayó a finales del Renacimiento, pero volvió a recuperarse en el siglo XIX

1 comentario:

Saga Vercellius dijo...

¡Interesantísimo tu Blog!